ÀSOCIALISMO O CAPITALISMO?
DOCUMENTO BORRADOR PARA LA DISCUSIîN
(Paddy Ahumada G.)
ÒTodo acto de persona o grupo destinado a propagas doctrinas que atenten
contra la
familia, propugnen la violencia o una concepci—n de la sociedad, del Estado o
del orden jur’dico de car‡cter totalitario o fundada en la lucha de clases,
es il’cito y contrario al orden institucional
de la RepœblicaÓ
(Art’culo
8¼ de la Constituci—n Pol’tica de Pinochet)
ÒLa receta del marxismo para la transformaci—n social ha perdido vigenciaÓ
(Carlos Altamirano Orrego. Entrevista en La Tercera del 05 de agosto de
2007)
ÒEl Partido Socialista de ChileÉasume como mŽtodo de interpretaci—n de
la
realidad el marxismo cr’tico, enriquecido y rectificado por el avance de
la
cultura, la ciencia y el desarrollo socialÉÓ
(Estatuto del PS de Chile. Texto Refundido. Noviembre de 2003)
FUNDAMENTACIîN
La conducci—n cupular del
PS de Chile, nos ha llevado a la profunda crisis pol’tica actual que se traduce
en la fragmentaci—n del partido; en el retroceso electoral, tanto en las
elecciones municipales de 2008, como en las parlamentarias de 2009, pero en
especial la derrota del candidato Eduardo Frei a las presidenciales, candidato
impuesto de manera soberbia por las cœpulas partidarias, luego que el candidato
permanente de Camilo Escalona y su mayor’a, JosŽ Miguel Insulza, se negara a
competir.
Urge, por lo tanto,
iniciar un debate a fondo sobre estas consecuencias y exigir la realizaci—n
urgente de un Congreso General Extraordinario, cuya finalidad sea el rescate,
la recuperaci—n del PS, como instrumento fundamental del cambio del sistema
capitalista a uno socialista, caracter’sticas esenciales de este œltimo que
deberemos definir luego de una discusi—n a fondo en la base del partido.
De los restos de esta
militancia de base que piensa socialista y que est‡ por los cambios, depender‡
que podamos recuperar o no los principios fundacionales y la historia de lucha
del PS por un mundo mejor, m‡s democr‡tico, m‡s participativo, de mayor
justicia social, donde cada cual reciba lo que necesita. Nuestras ideas y
planteamientos apuntan a esto. Ellas surgen en la Regi—n de Valpara’so luego de
muchas horas de trabajo de debates, reflexiones, encuentros y desencuentros,
documentos que hemos elaborado y propuestas que hasta hoy han ca’do en el vac’o
cupular, pero que hemos estado entregando sin desmayo desde mediados de la
dŽcada de los noventa, sin Žxito hasta la fecha.
Vayan como demostraci—n
tres ejemplos.
1) El
a–o 1995, en el documento que presentamos en la Comisi—n Nacional de Proyecto
Socialista, que hab’a sido designada por la Mesa del PS para entregar elementos
de discusi—n a las bases del partido antes de la convocatoria a una Conferencia
Nacional de Proyecto Socialista, dec’amos ([1])
ÒÉLa unidad de nuestro partido se
realiz— sin definiciones, s—lo bajo el signo de unos vagos protocolos, posibles
de suscribir por cualquier persona interesada en los problemas socialesÉen este
per’odo de reflujo mundial de las ideas socialistas; de dispersi—n,
incertidumbres y abandonos ideol—gicos ante la presi—n y el embate del
pensamiento liberal burguŽs; en fin, en estos tiempos de apertura del partido a
portadores de variadas visiones ideol—gicas, ha sidoÉuna misi—n bastante
compleja coincidir en un marco comœnÉEl proyecto socialista debe demostrar la
vigencia del socialismo, determinar lo caduco, lo vigente y lo nuevo de sus
principios; precisar conceptos; analizar el contexto mundial del presente y
delinear sus perspectivas futuras y, en funci—n de esto, definir sus lineamientos
program‡ticosÉ El vac’o te—rico que vive el partido exige un Proyecto
Socialista que defina los fundamentos del socialismo y justifique la existencia
del partido, terminando con las nebulosas ideol—gicas y las vaguedades que
mantienen a los socialistas en posiciones err‡ticas, inconsistentes y
pragm‡ticasÉÓ
La
propuesta presentada a la Comisi—n Nacional insist’a en que el m—vil esencial
de la existencia del Partido Socialista de Chile Òes el establecimiento de una sociedad socialista. Una sociedad
igualitaria, justa, humana, donde los medios b‡sicos para producir los bienes
materiales y espirituales sean comunes, y sus integrantes, liberados de la
opresi—n enajenante y del individualismo ego’sta que genera el orden
capitalista, entreguen a la comunidad, libremente, su fuerza de trabajo para
recibir de ella todo lo necesarios para una vida plena de bienestar autorrealizaci—n. Donde el ser humano
construye libremente su destino.Ó
Entre los
objetivos hist—ricos permanentes del PS plante‡bamos, entre otros, Òel pleno respeto a los Derechos Humanos,
considerando como valor inalienable la libertadÓÉÓla sustituci—n del sistema
capitalista en base a un proceso permanente que permita alcanzar, en el seno de
la sociedad, una real conciencia de la necesidad del cambioÓÉÓla real
participaci—n del puebloÓÉÓsolidaridad activa con los contingentes que en cada
regi—n luchan por la transformaci—n socialista del mundoÓÉÓpriorizar la
integraci—n regional latinoamericanaÓÉÓsalir al paso de las visiones
neoliberalesÓÉÓdefensa de nuestras riquezas b‡sicas y del medio ambienteÓ.
2) Muchos
otros documentos que han apuntado en esa direcci—n, enriqueciendo los
planteamientos se–alados, han sido elaborados y entregados para realizar el
debate pendiente. Baste se–alar la rica documentaci—n aportada por muchos
compa–eros con la finalidad de debatirlos en los Congresos del partido. Sin
embargo, de manera sistem‡tica y persistente, las direcciones cupulares se han
negado al debate y a publicar esos documentos.
3) En
mayo de 1996, ante el documento emanado del XXV Congreso General dec’amos ([2])
ÒA pocos d’as de terminado el XXV
Congreso General del Partido, una sensaci—n de molestia, desconcierto y
desmoralizaci—n recorre buena parte de la militancia. Una estrategia finamente
dise–ada y puesta en marcha para da–ar al Partido que hemos conocido durante
tantos a–os y por el cual muchos camaradas y amigos han dado sus vidas, ha
culminado su primera fase con Žxito para las cœpulas: evitar la discusi—n
ideol—gica y sacar un Òdocumento program‡ticoÓ ambiguo, sin doctrina, sin una
l’nea pol’tica y sin proyecto socialista. Lo que se aprob— fue un documento
prefabricado, redactado fuera de los espacios de discusi—n congresual,
consensuado entre las cœpulas, y que tiene como objetivo fundamental no
vulnerar ni modificar los espacios de poderÉ ese documento corresponde
fielmente a la visi—n ideol—gica de quienes aspiran a ÒhumanizarÓ el
capitalismo, resign‡ndose a un capitalismo sin fin. Y, por lo tanto, necesitan
de un partido Òde ciudadanosÓ, sin proyecto ni marco pol’tico, que no sea un
instrumento de cambio, sino un instrumento manejado al ama–o de las cœpulas de
turnoÓ
En ese
Congreso plante‡bamos siete propuestas bien concretas: 1) El rescate y el reconocimiento de la historia del partido, de su
doctrina, de sus s’mbolosÉ de su car‡cter profundamente anticapitalista, de su
opci—n por los trabajadores, por los dominados y los despose’dos; 2) Que el
socialismo, entendido Žste como organizaci—n racional y Žtica de la sociedad,
sigue absolutamente vigente y que el compromiso de los socialistas es
transformar la sociedad capitalista en socialista; 3) Que el avance social en
esta perspectiva s—lo es posible mediante la organizaci—n y desarrollo del
tejido social, no a travŽs de acuerdos entre las cœpulas partidarias; 4) Que el
mercado, si bien es una herramienta para la asignaci—n de recursos, no es
neutro, pues tras suyo se esconden intereses muy precisos de poderÉy una forma
de garantizar su transparencia, tanto nacional como internacionalmente es que
el Estado ejerza realmente su papel regulador, v’a la planificaci—n estratŽgica
del pa’s; 5) Que es necesario tener pol’ticas claras respecto del medio
ambiente, respecto de las minor’as Žtnicas, de los j—venes, de las mujeres, de
la tercera edad; 6) Que la Concertaci—n, que jug— un rol fundamental para sacar
a Pinochet de La Moneda, y que era una alianza pol’tica y social, se ha ido
transformando s—lo en una alianza pol’tica. Peor aœn, s—lo de cœpulas
pol’ticas. En este sentido se–al‡bamos la necesidad de evaluar objetivamente el
cumplimiento del Programa que la Concertaci—n hab’a ofrecido al pueblo chileno,
antes de declararla, como la hace el Documento aprobado, Òalianza estratŽgicaÓ;
7) Que es indispensable articular un nuevo Acuerdo Democr‡tico Nacional, de
manera de ampliar el arco de la Concertaci—n hacia la izquierda que est‡ fuera
de ella, junto al mundo social, para producir los cambios constitucionales,
pol’ticos y econ—micos sociales a favor de las mayor’as.
Las siete propuestas
fueron rechazadas por las mayor’as cupulares del XXV Congreso General del PS
realizado en 1996, las que aprobaron un documento descafeinado en lo
ideol—gico, plagado de conceptos idealistas como por ejemplo el de Òmutaci—nÓ
para explicar los cambios sociales, econ—micos y pol’ticos instalados en Chile
por la dictadura y a nivel internacional por el imperialismo; o el de la lucha
por Òla libertad, la igualdad y la justiciaÓ, entendidos como categor’as
eternas, por encima del bien y del mal; nada dec’a ese documento sobre las
enormes contradicciones del modelo neoliberal impuesto por la dictadura, que
cada vez acumula m‡s riqueza en pocas manos, expolia nuestras riquezas b‡sicas
y permite la libre circulaci—n de capitales. No habla de contradicciones, sino
de ÒdesigualdadesÓ, etc., etc. En suma, se trataba de fortalecer la alianza
entre las cœpulas del PS y los sectores neoliberales de la Concertaci—n (e
incluso de dentro del partido), alianza que ha dominado sin fisuras el
desarrollo de las pol’ticas concertacionistas, todo lo cual ha llevado a la
profunda crisis actual de la Concertaci—n, que ha entregado el gobierno a la
derecha, y del PS que ha perdido sus se–as de identidad, fragment‡ndose y
transform‡ndose en un partido en decadencia.
Nuestra propuesta, basada
en la gran confianza que tenemos en los trabajadores y en el pueblo y en sus
capacidades para ser efectivos motores de un cambio que es urgente en lo
econ—mico, pol’tico y social, apunta, como ya hemos anotado, a la recuperaci—n
de nuestro querido Partido Socialista como instrumento esencial de dicho
cambio. La tarea no ser‡ f‡cil pues es evidente que muchos dirigentes
socialistas ya no creen en el socialismo, que piensan al capitalismo como
indestructible, y han asumido, en sus planteamientos te—ricos y actitudes
pr‡cticas, al neoliberalismo.
En cuanto a nosotros, no
podemos seguir aceptando que una peque–a cœpula de dirigentes y parlamentarios
sigan dictando las normas segœn las cuales la base militante deber’a pensar y
actuar, base militante desinformada, sin educaci—n pol’tica, muchas veces
sometida a travŽs de alguna pega del Estado, sin solidez ideol—gica. No
aceptaremos a futuro que las cœpulas decidan por s’ y ante s’ las alianzas del
partido, sus estrategias y eventualmente la selecci—n de candidatos a cargos de
elecci—n popular, sin contar con nuestra opini—n, sino que despreci‡ndola. La
historia ha demostrado que esta forma de dirigir al partido lleva
inevitablemente al fracaso.
LA DICTADURA CêVICO-MILITAR DE DERECHA
Tanto la gestaci—n del
golpe militar contra el Presidente Allende, como la posterior instalaci—n de la
dictadura, cont— con el benepl‡cito y el apoyo tanto de la derecha nacional,
como de la internacional, en especial del gobierno norteamericano. Esta fue la
respuesta de la derecha hist—ricamente dominante en Chile a los indudables
avances sociales, pol’ticos y econ—micos que experiment— nuestro pa’s en los
cien d’as de gobierno del compa–ero Presidente. En este tiempo se trabaj— duro
por el fortalecimiento de la participaci—n popular; de las organizaciones
pol’ticas de izquierda a travŽs de sus partidos, sindicatos y organizaciones
culturales; en el rescate de nuestras riquezas b‡sicas; en avanzar hacia lo que
pens‡bamos deber’a ser una sociedad m‡s justa.
Instalada la junta
militar, con gran velocidad se desarrollaron dos estrategias paralelas y
complementarias. Una, el anular, destrozar, hacer desaparecer el sujeto
popular, sus organizaciones y estrategias mediante el terror de Estado y dos,
iniciar y desarrollar un r‡pido e intenso proceso de reacumulaci—n capitalista,
entre otros mecanismos vendiendo a precios irrisorios las empresas del Estado,
con lo cual personajes de la derecha, perfectamente identificados, llevaron a
sus manos una cantidad incre’ble de plusval’a, la que se continu— incrementando
mediante la explotaci—n inmisericorde de los trabajadores, ahora indefensos.
A fines de la dŽcada de
los ochenta ten’amos as’ un pa’s donde la derecha civil, apoyada por la bruta
fuerza de la dictadura, hab’a producido cambios importantes en la estructura de
clases y los agrupamientos sociales.
Entre ellos podemos mencionar los siguientes:
a)
Concentraci—n creciente de la
riqueza en unos pocos personajes privilegiados por la dictadura y que la
Concertaci—n no toc—. Tal como se–ala Hugo Fazio ([3]) Éel primer dŽcil
–formado por el 10% de la poblaci—n de menores recursos- percibe s—lo un
1,2% del ingreso total, mientras el
dŽcimo dŽcil –el 10% m‡s rico- recibi— el 47%... No puede alcanzarse una mejor distribuci—n sin tocar a los grandes
intereses econ—micos, nacionales y extranjeros, favorecidos por el modelo
econ—micoÉ La desigualdad distributiva ser’a aœn mayor si se considera
porcentajes de la poblaci—n m‡s reducidos. Al presentar los datos en deciles se
oculta la participaci—n desproporcionadamente elevada de los grupos de mayores
ingresos, que constituyen un porcentaje de los hogares mucho m‡s reducido que
un 10%. De hecho, desde el 2005 hasta la fecha, la distribuci—n de la
riqueza es aœn m‡s inequitativa, pues el dŽcil m‡s rico recibe el 56%.
b)
Las consecuencias de la estrategia econ—mica de la
dictadura c’vico-militar de derecha signific— una nueva estructura de la clase
trabajadora, caracterizada por varios elementos, que es fundamental tener en
cuenta para la elaboraci—n de estrategias de liberaci—n. Uno, sectorial, donde el sector servicios es
hoy d’a dominante. Dos, baja calidad,
donde se ha desarrollado una econom’a ÒinformalÓ y/o ÒsumergidaÓ, en la que
laboran, se calcula, alrededor de 1.800.000 personas. Tres, distribuci—n espacial r’gida. De esta manera los trabajadores de
la gran miner’a del cobre del norte, tienen condiciones de trabajo
inalcanzables para los pirquineros de la regi—n de Valpara’so los que, a su
vez, dif’cilmente pueden desplazarse en busca de mejores condiciones laborales.
Cuatro, atomizada, donde
trabajadores de un mismo sector (miner’a, forestal, retail, etc.) trabajan para
diferentes empresas subcontratistas, en distintas condiciones y exigencias de
trabajo. Cinco, ideol—gica. La
divisi—n de clases ya no se advierte con la claridad de antes. La maquinaria
con que la derecha ha generado y distribuido ideolog’a durante los gobiernos de
la Concertaci—n, sin ninguna estrategia alternativa de Žsta, ha producido el
efecto de exacerbar el individualismo, el Òtu puedesÓ, el ego’smo, la
competencia, la discriminaci—n. Socialismo, para la masa trabajadora, es un
concepto a–ejo, sin esperanzas, sin futuro, fracasado. Todo esto reforzado por
la ca’da de la ex-URSS y el derrumbe del capitalismo de Estado o Òsocialismo
realÓ, cuesti—n aœn no suficientemente estudiada ni investigada por la
izquierda marxista chilena ni internacional. En nuestro caso, no es menor la
influencia de esta ca’da entre los llamados ÒrenovadosÓ, ÒterceristasÓ y
Ònuevos izquierdistasÓ, para empujar al PS a la actual alianza con Expansiva y
el neoliberalismo. Nosotros
seguimos aguantando a pie firme...
c)
Pero tambiŽn hubo cambios significativos en la clase
empresarial dominante. Del proceso de acumulaci—n capitalista existente en
Chile hasta 1973, centrado en particular en el ‡rea industrial protegida,
apoyada por el sector financiero, se pasa, durante la dictadura, gracias a los
Òchicago boysÓ, a un sistema de r‡pida circulaci—n del capital, endeudamiento y
creaci—n de empresas de papel, es decir, a una l—gica econ—mica especulativa,
de acumulaci—n v’a la r‡pida circulaci—n del capital, sin base real en empresas
productivas, salvo las extranjeras, para las cuales la dictadura dicta el
famoso DFL 600, aœn intocado, que permite sacar fuera del pa’s cualquier
ganancia de las inversiones de dichas empresas y cualquier tipo de riqueza
b‡sica (cobre, oro, plata, madera, pescado, etc., etc.) sin procesamiento en
Chile ni control del Estado.
El resultado de la
estrategia de acumulaci—n r‡pida de los primeros a–os de la dictadura
c’vico-militar, condujo al pa’s a la violenta crisis de 1981, obligando al
gobierno a dejar de lado su discurso de no intervenci—n del Estado, eso s’,
ahora, para salvar del desastre a sus amigos, entreg‡ndoles m‡s de nueve mil
millones de d—lares de la Žpoca, dinero de todos los chilenos, pero que en la
l—gica de la derecha era de total justicia, pues para ellaÉ Òsiempre las
utilidades deben ser privadas, y las pŽrdidas asumidas por el EstadoÓ.
Lamentablemente, tampoco hizo mucho la Concertaci—n para recuperar esos nueve
mil millonesÉ
Otro aspecto importante de
la l—gica neoliberal empresarial ha sido su gran capacidad para establecer
acuerdos, convenios, tratados, con el fin de articularse con grupos
capitalistas extranjeros. El discurso ideol—gico de apoyo a esta estrategia ha
sido el de la Òglobalizaci—nÓ, proceso que, tal como se–ala Zigmunt Bauman ([4])
ÒÉincluye una segregaci—n, separaci—n y
marginaci—n progresivaÉCausa especial preocupaci—n la interrupci—n progresiva
de las comunicaciones entre las elites cada vez m‡s globales y el resto de la
poblaci—n, que est‡ ÒlocalizadaÓ. En la actualidad, los centros de producci—n
de significados y valores son extraterritoriales, est‡n emancipados de las
restricciones localesÉÓ
NUESTRO
INSTRUMENTO DE ANçLISIS MARXISTA
Aunque el PS sigue aceptando como
instrumento de an‡lisis de la realidad al marxismo Òenriquecido con los aportes
de los nuevos conocimientos humanosÓ, la verdad es que se siguen utilizando,
con pocas variaciones entre quienes pensamos socialista, las propuestas
planteadas por Carlos Marx en el siglo XIX, siglo donde pensar
Òcient’ficamenteÓ supon’a aceptar los principios cartesianos de la disyunci—n,
de la separaci—n de sujeto y objeto investigado, de las ciencias sociales de
las ciencias naturales; el pensar en forma racional y objetiva; el demostrar la
verdad mediante el experimento y/o la l—gica de la coherencia entre la realidad
y lo que se plantea; de la relaci—n causa-efecto; del determinismo; del pensar
el tiempo como flecha que viene del pasado, cruza el presente y va al futuro,
etc.
Paralelo a esto, durante los
decenios de vida de la ex URSS, en particular en los partidos comunistas, se
repitieron mec‡nicamente conceptualizaciones deformadas del marxismo y del
leninismo, elaboradas por Stalin y sus adl‡teres, que no s—lo fueron
oportunistas y equivocadas, sino que significaron innumerables sufrimiento y
muerte a millones de personas. La defensa emocional de la Òprimera Repœblica de
la clase obreraÓ, o del Òsocialismo en un solo pa’sÓ, a nivel interno e
internacional, no s—lo dificult— el estudio y an‡lisis objetivo de la realidad
que viv’a el pueblo soviŽtico, sino que tambiŽn impidi— prever el
desmoronamiento de la ex URSS y dificult— el elaborar una teor’a marxista que
estuviese enriquecida con los avances del conocimiento humano, como dicen las
declaraciones formales del PS.
No fue raro, entonces, que luego
de la ca’da de la ex URSS fue m‡s f‡cil para nuestros dirigentes ÒrenovadosÓ
se–alar al marxismo como doctrina ÒobsoletaÓ, ÒfracasadaÓ, Òque perdi—
vigenciaÓ, para luego abrazarse al neoliberalismo, estableciendo la actual
alianza mayoritaria en el seno del PS.
Nosotros siempre nos hemos
planteado como necesidad hist—rica el construir una metodolog’a que, basada en
los elementos fundamentales de Marx, efectivamente se enriquezca con los
avances del conocimiento humano, para que sea capaz de detectar y no ocultar
las uniones, las articulaciones, solidaridades, implicaciones, imbricaciones e
interdependencias entre los diferentes fen—menos de la vida cotidiana del ser
humano, introduciendo, por ejemplo, un concepto desarrollado en los œltimos
treinta a–os que es el de complejidad, que
permite tomar clara conciencia, como dice Edgar Morin, de la Òignorancia agazapada, disimulada en el
nœcleo de lo que pensamos como m‡s exacto y riguroso: el pensamiento
cient’ficoÓ, paradigma esencial de quienes han construido teor’as alejadas
del pensamiento especulativo-religioso.
La crisis de lo que se pensaba
como Òcient’ficoÓ durante el siglo XIX se produjo en el siglo XX reciŽn pasado,
y surgi— al descubrirse que en el mundo micro f’sico los fen—menos que all’
ocurren no eran explicables con los mŽtodos cl‡sicos del pensamiento
cient’fico: troceo de la realidad, disyunci—n, modelos mec‡nicos, experimento,
prueba, comprobaci—n, a tal causa tal efecto, determinismo. Fue necesario
entonces construir una nueva conceptualizaci—n donde reina la incertidumbre, el
car‡cter aleatorio de las mutaciones genŽticas, el caos, el desorden, lo
imprevisto, lo indeterminadoÉ todo lo cual ha enriquecido la manera de pensar
en forma cient’fica, y abierto nuevas perspectivas de an‡lisis.
Hoy sabemos que el concepto
ÒcienciaÓ no es ni absoluto ni invariable. Al contrario, los caracteres
espec’ficos y b‡sicos del concepto son lo m‡s dependiente que hay de la
dialŽctica permanente entre la ideolog’a dominante y la que (las que) se le
enfrentan en cada Žpoca y lugar hist—rico. Por este motivo, lo primero que
deseamos dejar en claro que nuestro esfuerzo por repensar el marxismo no supone
desconocimiento de su importancia y vigencia, ni tampoco nos obliga una
inspiraci—n divina, ni viene de otro planeta, sino que surge de las actuales y
urgentes necesidades de afinar nuestro instrumento de an‡lisis de la realidad
social, econ—mica y cultural de nuestro pa’s, a partir de las nuevas
condiciones del conocimiento humano, el que hoy dispone (y los llamados
marxistas rara vez utilizan) de un impresionante bagaje de saberes en f’sica,
qu’mica, biolog’a, antropolog’a, neurociencia, inform‡tica, teor’a del caos,
astronom’aÉ lo cual obliga a entender realidades diferentes, con sus propias
especificidades, pero estrechamente interrelacionadas, inter e intra
influyentes, dentro de y entre los universos micro, mezzo y macro f’sicos y
antropo sociol—gicos. No pretendemos con esto inducir al conocimiento de todas
estas disciplinas, pues hoy d’a el enciclopedismo es imposible, sino que
se–alar que en la construcci—n de nueva teor’a pol’tica es fundamental saber
reconocer las caracter’sticas de las
conexiones e interrelaciones que se establecen y desaparecen entre ellas.
Lo anterior no significa en
absoluto que vamos a olvidar y dejar de lado el bagaje de conocimientos
anteriores. Esto ser’a tan absurdo como dejar de lado las leyes de Newton, que
por ejemplo permiten prever los eclipses, porque ellas fueron elaboradas a
partir de la racionalidad cient’fica cartesiana, donde el principio de
disyunci—n era fundamental. Lo mismo vale para los planteamientos y desarrollos
de Carlos Marx, tambiŽn hombre del siglo XIX, pero cuyos aportes a la teor’a
pol’tica y econ—mica siguen vigentes y permiten explicar perfectamente el
funcionamiento estructural del capitalismo, sumando, adem‡s, el hecho esencial
de las caracter’sticas Žticas y morales de sus llamados a la libertad de los
trabajadores, luchando por romper las cadenas de su alienaci—n. Todo esto sigue
absolutamente vigente, pero no es suficiente para explicar la realidad del
mundo actual, ni para definir nuevas estrategias pol’ticas que apunten, en las
actuales condiciones, a la liberaci—n de los hombres y mujeres de hoy.
Para iniciar esta dif’cil tarea
debemos tener claro, insistimos, que es imposible contener, en un solo cerebro,
como ocurr’a durante la Ilustraci—n, todo el conocimiento de la Žpoca, es decir
transformarnos en enciclopedistas, sino en ser capaces de articular lo que est‡ separado y deber’a estar junto, caracterizando
con la mayor precisi—n posible las
interrelaciones e interinfluencias existentes entre los diferentes
fen—menos que se dan en la sociedad, sabiendo siempre que la sociedad es mucho
m‡s que la sumatoria de fen—menos parciales que se dan en ella en una Žpoca y
lugar determinado.
CARACTERIZACIîN
DE NUESTRA ƒPOCA
Para mejor enfocar nuestro an‡lisis, queremos
describir, muy resumidamente, algunos elementos que caracterizan los cambios de
tipo socioecon—micos y las consecuencias de ellos en la superestructura
ideol—gica, pues con Marx sabemos que los cambios de la infraestructura de
producci—n material siempre suponen cambios no s—lo del poder, sino tambiŽn del
modo de pensar de las personas.
Esta descripci—n es s—lo un punto de partida para
iniciar el debate que pedimos y que seguimos considerando imprescindible en el
seno del PS de Chile, entendiendo que hoy ya no se
conciben instrumentos de an‡lisis lo suficientemente poderosos como para
demostrar la validez de ningœn meta relato; que ninguna disciplina del
saber puede pretender ser portadora de una explicaci—n posible de ser
generalizada y universal, como pretende el capitalismo y pretendi— el
socialismo ÒrealÓ. En ambos macro relatos ha habido un esfuerzo permanente de
las clases dominantes para hacer creer al pueblo que el sistema de dominaci—n
es inevitable, es urgente, m‡s aœn, imprescindible. De all’ que nuestra primera
bandera sea la de la libertad del ser humano, la ruptura de las cadenas de la
alienaci—n.
Nuestra propuesta es la de avanzar en esta
direcci—n. Es una propuesta con toda seguridad insuficiente, pero que puede
ayudar a empezar a comprender mejor la transici—n de la
Žpoca en que vivimos y sus efectos demoledores sobre la estructura,
organizaci—n e ideolog’a de la clase trabajadora. S—lo teniendo claros
estos aspectos podremos seguir luchando por una sociedad m‡s justa, solidaria,
integradora, donde el beneficio del trabajo se reparta en forma equitativa
entre todos. En suma, por una sociedad socialista.
Centraremos nuestra atenci—n en tres grandes
transformaciones que caracterizan el cambio actual: la infraestructura econ—mica, la revoluci—n binaria y la neurol—gica.
Cada una interactœa sobre las otras dos, formando un c’rculo virtuoso, segœn la nomenclatura de Morin pero que, a
nuestro juicio, corresponden al nœcleo duro de los problemas centrales que
debemos conocer y enfrentar para poder combatir al capitalismo en su actual
versi—n neoliberal.
a)
Cambio de la infraestructura
econ—mica
A partir del œltimo cuarto del siglo XX la
producci—n industrial de los pa’ses m‡s avanzados ha ido perdiendo su
importancia en muchos sectores de dicha producci—n, remplaz‡ndola
un trabajo que crea productos
inmateriales, tales como
el conocimiento, la informaci—n, la comunicaci—n, el procesamiento de la
informaci—n. De este modo se ha ido produciendo una redistribuci—n espacial
de las instalaciones industriales, desde esos pa’ses hacia otros que ofrecen
condiciones m‡s favorables a la acumulaci—n de capital, increment‡ndose as’, de
modo nunca antes conocido, la capacidad
de control y dominio de las metr—polis imperialistas sobre los territorios
perifŽricos mediante el control de la informaci—n y del
conocimiento y de la circulaci—n del capital.
Esa redistribuci—n espacial, sin embargo, es
selectiva y se realiza con procesos de producci—n que no supongan peligros
estratŽgicos para las metr—polis, en el caso de que las instalaciones perifŽricas
caigan en manos nacionalistas. Por otro lado ella se efectœa sin entregar, por
ningœn motivo, el control de la informaci—n ni de la circulaci—n del capital y
su acumulaci—n en muy pocas manos, mediante los productos
inmateriales antes se–alados los que, a su vez, permiten la estrecha y
permanente imbricaci—n entre la producci—n y el consumo, evitando las
acumulaciones de stocks mediante un monitoreo permanente de los mercados y su
capacidad de demanda. El control y manejo de la informaci—n acerca de los
mercados pasan a ser as’ m‡s precisos en los procesos productivos.
En la sociedad actual ha emergido,
desarrollado y fortalecido el trabajo
inmaterial, que es el trabajo que produce un bien no material, como
el servicio, la informaci—n, un producto cultural, un conocimiento, la
comunicaci—nÉla ideolog’a. Su labor esencial consiste en identificar y resolver
problemas, proponer estrategias, enfrentar conflictos, adem‡s de crear
ideolog’as favorables y proclives al capitalismo. La herramienta fundamental para
todo esto es el computador.
Un aspecto importante del trabajo inmaterial es su
labor permanente hacia lo afectivo del contacto humano y la interacci—n.
Incluso cuando el trabajo es f’sico, Žl es inmaterial
en cuanto a que productos derivados son intangibles: sentimientos de
placer, de bienestar, de satisfacci—n, de excitaci—n, de pasi—n, etc., siempre
tratando de evitar la agudizaci—n de las inevitables contradicciones entre
capital y trabajo. Se trata siempre de producir Òcolaboraci—nÓ, Òno crear conflictosÓ,
ÒcooperarÓ, Òser proactivosÓ, Òcomprender que todos estamos en el mismo barcoÓÉ
Todo lo cual no se impone v’a la disciplina de las grandes factor’as fordistas,
sino mediante Òla comunicaci—n permanenteÓ, Òlas relaciones laboralesÓ, Òel rol
social de la empresaÓ, Òla construcci—n de pertenenciaÓ, todo lo cual es
inmanente al trabajo no material.
En la etapa agraria del siglo XIX, para que la
agricultura produjese bienes, s—lo se necesitaban peones analfabetos, dominados
por el patr—n y por la iglesia. Al emerger la fase industrial en Europa, todas
las formas de trabajo y de organizaci—n social tuvieron que industrializarse,
para lo cual eran necesarios trabajadores capaces de leer y escribir, para que
no destruyesen las m‡quinas por ignorancia. A Chile
esta etapa industrializadora lleg— bastante entrado el siglo XX, por lo
que la alfabetizaci—n no fue obligatoria sino hasta la dŽcada del veinte.
Hoy se vive una fase en la que los trabajadores
deben informatizarse, hacerse ÒinteligentesÓ, ÒpropositivosÓ, ÒcreativosÓ,
ÒproactivosÓ, ÒmodernosÓ. Es el mensaje permanente que llega desde aquellos
pa’ses m‡s avanzados en el desarrollo del trabajo inmaterial y que, en el caso
de Chile ha impuesto una tendencia ideol—gica hegem—nica en tŽrminos cuali y cuantitativos
a casi toda nuestra sociedad. Cualquier trabajador
analfabeto inform‡tico en esta sociedad tiene escasas posibilidades de trabajo
decente y de comprender el por quŽ de su situaci—n. Los trabajos mal
remunerados, la droga, la violencia individual y/o microgrupal, el delito, son
sus alternativas.
La sociedad industrial del siglo XIX y XX
exigi— la concentraci—n de quienes buscaban trabajo en la periferia de las
grandes ciudades, pues ello facilitaba el funcionamiento de la f‡brica y el
disponer de mano de obra barata y de r‡pido transporte. En este contexto se
construy— la organizaci—n de los partidos pol’ticos de los trabajadores, una de
cuyas caracter’sticas era el centralismo Òdemocr‡ticoÓ, para diferenciarlo del
centralismo ÒautoritarioÓ de la f‡brica, aunque tomado el poder por v’a
revolucionaria, r‡pidamente se olvid— lo de Òdemocr‡ticoÓ.
Hoy d’a el desarrollo del trabajo inmaterial v’a la
inform‡tica y la creciente masa de trabajadores en el
sector servicios, sumado al progreso permanente de las nuevas
tecnolog’as de la informaci—n y las comunicaciones, exigen m‡s bien no
centralizar la producci—n en un territorio determinado, salvo que se trate de
extracci—n de riquezas naturales, pero, incluso en este caso, es posible deslocalizar los trabajadores mediante empresas
subcontratistas que participan en red en
el proceso productivo. El proceso se desarrolla, sin embargo,
manteniendo el rol subordinado de las empresas de producci—n material a las
empresas cuya producci—n y el capital son esencialmente inmateriales, ubicadas
en la metr—poli. En este contexto no es de extra–ar la multiplicaci—n de las
subempresas que alquilan el capital fijo material (construcciones,
instalaciones, m‡quinas, materiales de transporte) a las mayores. O que en una
macroempresa de retail, por ejemplo, existan centenares de subempresas, con
poco trabajadores, cada una de ellas especializada en la venta de un solo
determinado producto.
El fen—meno antes descrito se basa en el cambio de
la percepci—n espacial de la Žlite empresarial. En la etapa
industrial, la empresa estaba instalada en un espacio determinado y fijo,
definido por sus due–os, desde donde raramente se mov’a. Hoy, habiŽndose diluido la propiedad entre accionistas, la ley del lucro ha
obligado a los directivos, elegidos por los mismos accionistas, a trasladar la
empresa all’ donde perciben, v’a control y an‡lisis de la informaci—n, que las
utilidades ser‡n mejores, no import‡ndoles que ni los trabajadores, ni la
comunidad puede trasladarse tan tranquilamente como la f‡brica a otro
territorio.
Lo que ha surgido, entonces, es una organizaci—n en ÒredÓ formada por nudos (empresas y
subempresas satŽlites) que pueden aparecer y desaparecer en un
determinado espacio, segœn sean las decisiones de sus due–os accionistas, como
modelo organizativo de la producci—n.
Una de las consecuencias de este fen—meno es la
transformaci—n de las formas de comunicaci—n y solidaridad entre los
trabajadores, existentes en la etapa industrial anterior, la que era generada
especialmente por la cercan’a f’sica y emocional dentro de cada local de
producci—n y entre los diferentes locales, ubicados de manera permanente en un
determinado espacio.
El efecto de este cambio de
la infraestructura productiva sobre la superestructura ideol—gica de los
trabajadores es evidente: reducci—n de la solidaridad, escaso esp’ritu
de lucha, temor al despido, fortalecimiento de la capacidad individual para
enfrentar problemas, debilitamiento progresivo de sus organizaciones, etc.
En definitiva, la transformaci—n de la infraestructura
econ—mica ha supuesto una profunda crisis de las organizaciones sindicales y
pol’ticas que nacieron con la sociedad industrial, las cuales al mantener sus estructuras
organizacionales tradicionales, quedan en desventaja total frente a la
organizaci—n de las empresas. Hoy d’a Žstas son capaces en red de producir
m‡s riquezas, bienes y servicios con menos
trabajadores, eso s’, cada vez m‡s especializados, dejando de lado a
todas las personas aptas tambiŽn para el trabajo asalariado, pero no
especializados.
Las conquistas leg’timas que han logrado los
trabajadores, producto de sus luchas ante el capital, se fueron ampliando y
fortaleciendo durante la etapa de industrializaci—n, gracias, ya dijimos, a la
cercan’a f’sica entre ellos, a su percepci—n clara de quiŽn o quiŽnes se
apropiaban de la plusval’a que generaban, al fortalecimiento creciente de sus
organizaciones sindicales, a su clara conciencia de trabajadores y a que su forma de organizaci—n pol’tica y
sindical era efectiva y poderosa en la empresa espacialmente inm—vil y sin una
red de subempresas a su alrededor.
Es la realidad existente y desarroll‡ndose cada vez
con mayor velocidad en Chile y en el mundo capitalista, sin que nada reemplace
esta situaci—n de debilidad estructural de las organizaciones pol’ticas y
sindicales de los trabajadores.
De aqu’ que, frente a esta nueva realidad, la
estructura organizacional del PS, segœn el dise–o Òmarxista-stalinistaÓ
utilizado por nuestros dirigentes, no s—lo est‡
obsoleta sino que facilita objetivamente no s—lo la mantenci—n, sino que la
expansi—n del sistema neoliberal capitalista.
Desde el punto de vista conceptual una red
representa una nueva visi—n de la comunicaci—n como coordinaci—n de acciones mediante el lenguaje. Esto supone la ruptura con la organizaci—n r’gida y
estereotipada tradicional y el
inicio de procesos creativos, de invenci—n continua, de articulaci—n de
propuestas y de fortalecimiento y
ampliaci—n de diversos movimientos sociales a nivel focal, en la idea de reducir la marginalidad y fortalecer
la integraci—n de grupos sociales con intereses semejantes.
Pero, para avanzar en esta perspectiva, se
requiere de un pensamiento complejo que tenga en cuenta la permanente construcci—n de subjetividades sociales, a partir de
mœltiples acontecimientos que se interrelacionan dialŽcticamente entre s’.
Continuar pensando de manera cartesiana para construir organizaciones en red,
llevar‡ como resultado inevitable el fortalecimiento del individualismo, capaz
de generar interpretaciones y acciones parciales y err—neas.
b)
La revoluci—n binaria
La denominamos de esta manera pues se refiere a los
efectos que ha producido en la infraestructura econ—mica y la circulaci—n
vertiginosa del capital, y el paso a una sociedad de trabajo ÒinmaterialÓ, el
desarrollo exponencial, en los œltimos cinco decenios, de las tecnolog’as de la
informaci—n y las comunicaciones - TICs – cuya herramienta esencial es el
computador que funciona, a su vez, mediante el lenguaje binario 0 y 1.
El triunfo de lo binario, de Internet, del
ciberespacio, es lo que ha significado el nacimiento de la
des-territorializaci—n que hemos analizado, como concepto dominante de la
sociedad llamada Òde la informaci—nÓ, pues lo binario
no est‡ en ninguna parte y, sin embargo, est‡ en todo lugar, entrando y
saliendo de nuestros hogares sin dejarse agarrar por nadie, por lo cual no podemos controlarlo.
Una caracter’stica importante de esta sociedad es
la corta longitud del ciclo de innovaci—n y obsolescencia de las tecnolog’as y
de los productos que se lanzan al mercado. El perfeccionamiento y desarrollo
permanente de ÒchipsÓ y procesos binarios cada vez m‡s poderosos es otro factor
que caracteriza a la nueva econom’a en red. Un ‡rea de desarrollo tecnol—gico
creciente y que va a coadyuvar el fortalecimiento de esta sociedad es la
nanotecnolog’a, que multiplicar‡ por centenares de millones las actuales
capacidades de acumulaci—n y procesamiento de informaci—n, con lo que se va a
perfeccionar el control. En el fondo, como ha se–alado Guilles Deleuze, el paso
de la sociedad industrial a la sociedad de la informaci—n, equivale al paso de una sociedad de disciplina (industrializada) a una de
control (informatizada). En este contexto la pregunta fundamental para
nosotros es ÀquŽ rol puede jugar el socialismo libertario?
En la sociedad de control los mecanismos que lo
permiten se hacen mas Òdemocr‡ticosÓ, en el sentido que pueden llegar a todas
las personas, pero al mismo tiempo impiden que estas
personas actœen sobre esos mecanismos. Es decir, se trata de una
sociedad donde se produce un doble fen—meno: por una parte crece la brecha
entre el ‡mbito decisorio institucional y los trabajadores y, por otra, el
escaso conocimiento y control de la informaci—n por estos œltimos, hace que
vean una suerte de nebulosa desde donde vienen las decisiones que les
afectan. El ejemplo t’pico que
tenemos en Chile es el control de los medios de
comunicaci—n masivos, cuyos mensajes se insertan en forma difusa en nuestros
cerebros y, de all’, a nuestras actitudes, gustos, intereses, muchas veces sin
darnos cuenta del control y dominio al que se nos somete. Marx dir’a que
se trata ahora de una Òautoalienaci—nÓ. Producida por la inform‡tica,
a–adir’amos nosotros.
Otra variante producida por el cambio de
sociedad es el de la disciplina impuesta en forma externa (padres, profesores,
curas, polic’a, c‡rcel, leyes, estado, etc.) todo lo cual entrega los l’mites
dentro de los cuales se puede mover el individuo, a una especie de autocontrol permanente, que va m‡s all‡
de la disciplina externa, pues ella se interioriza extendiendo esta l—gica auto
disciplinar m‡s all‡ de las instituciones donde antes se forjaba la disciplina
(hogar, escuela, iglesia, c‡rcel, etc.) proyect‡ndola ahora a toda la sociedad en discursos del
tipo Òlas cosas son as’ y puntoÓ, Òno podemos cambiar nadaÓ, Òacepto porque no
tengo alternativasÓ, Òsi le discuto al jefe pierdo la pegaÓ, Òlos poderosos
hacen lo que quierenÓ, etc., etc. De este modo, los
trabajadores de esta sociedad ayudan a ejercer y fortalecer el poder de quienes
controlan la informaci—n y la utilizan para la construcci—n y divulgaci—n
permanente de una efectiva hegemon’a ideol—gica sobre la totalidad de la
poblaci—n, de manera que cada individuo la abrace y la reconstruya permanentemente
por si mismo (autodisciplina).
En la sociedad industrial los efectos de la acci—n
disciplinar eran parciales, pues se contrapon’an con los efectos de la
solidaridad y la lucha organizada de los trabajadores. Pero, en la sociedad de
control, como dice Foucault Òla vida misma de toda la poblaci—n se torna objeto
del poderÓ, siendo la labor superior de este poder impregnar la vida entera con
su ideolog’a, empezando por administrarla. As’, hoy lo esencial para el
capitalismo es disponer no s—lo del control de la vida
de los ciudadanos, desde su origen, reproducci—n y fin, sino tambiŽn las
emociones, afectos, interrelaciones, espiritualidad, imaginaciones. Para ello,
la revoluci—n binaria ha sido fundamental. Debemos
empezar a utilizarla con criterio pol’tico socialista.
c) El
avance de lo neurol—gico
Los
nuevos conocimientos acerca del cerebro humano y su funcionamiento se han
producido s—lo desde mediados del siglo XX, cuando dos ingleses, Alan L.
Hodgkin (1914 – 1998) y Andrew F. Huxley (1917 - ) en la dŽcada
de los cincuenta, empezaron a trabajar con calamares, luego de descubrir que
estos animales tienen neuronas de gran tama–o, visibles incluso a simple vista,
con lo cual sus experimentos relacionados con el funcionamiento del sistema nervioso
de los animales fueron posible de controlar con mayor precisi—n.
Es as’
como hoy se sabe que en el cerebro humano, existen millones de millones de redes
neuronales, neuronas que se conectan entre s’ de acuerdo al tipo de
informaci—n, gracias a uniones de tipo elŽctrico qu’micas, fen—meno llamado sinapsis.
Estas conexiones no son r’gidas, est‡n cambiando de manera permanente de
acuerdo a si la persona quiere relacionar lo que est‡ viendo en este minuto,
con alguna experiencia suya anterior; o si desea recordar el nombre de esa
hermosa dama que se cruz— con Žl en la calle; o si tiene que resolver una
ecuaci—n de segundo grado; o comparar el sabor del vino que est‡ bebiendo con
otro bebido la semana pasada; o si de pronto se asusta; oÉ en fin, la lista ser’a
interminable.
Lo esencial es que
debemos tener claro que nuestros circuitos cerebrales est‡n en permanente
cambio estructural y funcional, porque millones de nuestras neuronas, formando
hileras, se conectan o desconectan una con otra segœn sea el tipo de
informaci—n que circule por el cerebro. Las —rdenes que este emite hacia el
resto del cuerpo, a partir de la informaci—n que entregan los sentidos o el
cuerpo en general, nos hace actuar de una u otra manera. Todos los circuitos
neuronales est‡n en continuo cambio y reordenamiento, ninguno es r’gido.
Una cuesti—n importante
aqu’ es el hecho que el cerebro del humano normal, reciŽn nacido, tiene en potencia la posibilidad de conectar
miles de millones de circuitos neuronales, donde la calidad y cantidad de estos
circuitos va a depender de las condiciones sociales, econ—micas y afectivas del
entorno. Y este entorno tambiŽn ser‡ fundamental en la construcci—n y
aceptaci—n de lo que Humberto Maturana denomina ([5])
Òpremisas fundamentales aceptadas a prioriÓ, que son aquellas premisas en que
se apoya nuestro sistema de pensamiento racional como punto de partida, pues
uno las acepta como v‡lidas Òporque s’, porque uno consciente o
inconscientemente as’ lo quiereÓ. En todo ser humano, desde estas premisas fundamentales
surgen las Òcoherencias operacionalesÓ, es decir, el universo de acciones,
actitudes, pensamientos, etc. del d’a a d’a. Y en todo ello es el cerebro que
recibe informaci—n, la procesa y ordena a nuestro cuerpo que reaccione de tal
manera u otra.
Actualmente estamos en
un proceso de transformaci—n
cualitativa de nuestra relaci—n con el mundo que nos rodea, en especial con la
naturaleza, gracias a los avances de las tecnolog’a de la informaci—n, de ciencias
en general, y en particular de la neurociencia. En este
œltimo caso, el conocimiento alcanzado, por ejemplo, acerca de la acci—n de
determinadas sustancias qu’micas sobre las conexiones neuronales, las que a su
vez generan determinadas conductas en las personas, abre un espacio tremendo de
interrogantes acerca de las estrategias y acciones pol’ticas futuras. S—lo
a t’tulo de ejemplo, entre centenares existentes, leamos lo siguiente,
aparecido en www.informador.com.mx:
LONDRES, INGLATERRA.- Un grupo de cient’ficos ha demostrado que las personas
son m‡s individualistas o solidarias en funci—n de la actividad de su am’gdala cerebral, lo que contradice
otras teor’as previas que suger’an que la personalidad est‡ relacionada con la
actividad del c—rtex prefrontal.
La investigaci—n est‡ encabezada por el doctor del Instituto de Neurolog’a de
la Universidad de Tamagawa (Jap—n) Masahiko Haruno, quien contrast— las
resonancias magnŽticas funcionales de personas con orientaciones
"pro-sociales" y las de personas individualistas.
Por individuos "pro-sociales" se entiende
aquellos que "maximizan la suma de recursos para ellos mismos y los otros, lo que permite minimizar las diferencias entre los dos",
segœn se explica en el art’culo.
El estudio, que ha sido publicado en la revista "Nature",
desvela que esta tendencia puede predecirse s—lo con comprobar la actividad de la am’gdala cerebral.
"Nuestro descubrimiento subraya el importante papel que juega el proceso de intuici—n autom‡tica en la interacci—n social", destaca
Haruno en su art’culo.
Los individuos pro-sociales prefieren maximizar los recursos para s’ mismos pero a la vez que el resto dispongan de los mismos medios que ellos, mientras que los individualistas prefieren maximizar sus recursos sin
tener en cuenta la cantidad de la que dispone el resto.
El modo en que la gente toma este tipo de decisiones ha
sido objeto de debate, aunque una de las teor’as m‡s extendidas es que existe una respuesta autom‡tica que s—lo considera el beneficio de
uno mismo y que es el c—rtex prefrontal desde donde se env’a una se–al para controlar ese impulso.
Haruno y su equipo comprobaron esta idea observando c—mo las mentes de las
personas "pro-sociales" y las de los individualistas
respond’an al deseo que les despertaba conseguir dos premios, uno
para ellos mismos y otros para un
compa–ero.
El estudio concluye que la elecci—n de los individualistas no estuvo influenciada por la capacidad de
controlar ningœn impulso, sino que se deb’a a una mayor o menor actividad en la
am’gdala cerebralÉ
Est‡ claro hacia donde avanzar‡ el capitalismo en su esfuerzo
permanente de deshumanizar al ser humano.
CUATRO
AVANCES DEL CONOCIMIENTO HUMANO
Hemos hablado del
Òmarxismo enriquecido por el avance del conocimiento humanoÓ que fue la manera
como nuestro compa–ero Eugenio Gonz‡lez Rojas caracteriz— nuestro instrumento
de an‡lisis de la realidad social. Veamos cuatro de tales ÒavancesÓ que
describimos aqu’ de manera muy resumida y seguramente imperfecta, pero que
consideramos urgente considerar para que efectivamente podamos recuperar el PS
como poderoso instrumento de cambio social.
1. NECESIDAD
DE APREHENDER EL PENSAMIENTO COMPLEJO
Ser humano y
sociedad, dos realidades en un mismo espacio y tiempo;
donde la sociedad es, precisamenteÉconstruida por las personas. Pero este producto
surge siempre de la interrelaci—n dialŽctica de ambas realidades, de modo que
la sociedad se reproduce en el individuo, influyendo, retroactuando y
reconstruyŽndolo de manera permanente y Žste, a su vez, segœn sus niveles de
comprensi—n, de voluntad pol’tica, de poder, de energ’a y pasi—n,
modific‡ndola. De este modo los actos sociales son generados como producto de
esa interrelaci—n dialŽctica tanto individual como social.
En esta conceptualizaci—n, ser humano no es s—lo sujeto hist—rico y social,
sino tambiŽn sujeto individual complejo,
por lo que la pol’tica, entendida Žsta como el arte y la ciencia de la
direcci—n de procesos, est‡ obligada a reconstruirse y reelaborarse integrando
la relaci—n dialŽctica que se genera entre ambos conjuntos de conceptos, sin absolutizar ninguno de los dos. Se
trata de una labor nada f‡cil, pero imprescindible si aspiramos a hacer
pol’tica del siglo XXI. ) Àbinaria?
Y para hacerla, debemos empezar a pensar de
modo complejo, lo que significa el dise–o y puesta en marcha de una pedagog’a
pol’tica para el cambio del modo de pensar cartesiano, lineal, de causa-efecto,
racionalista y universal, por un nuevo modo de pensar cuya caracter’stica
central es abordar la realidad como un proceso que es, al mismo tiempo,
biol—gico, cerebral, espiritual, l—gico, lingŸ’stico, cultural, social e
hist—rico, que enlaza permanentemente la vida humana y la relaci—n social
(Morin. 1994).
Los ejes centrales del pensamiento complejo
son (Tob—n.2008):
Le propongo
analizar el Anti DihŸring, de Engels, dice lo mismo en lenguaje marxista.
Como se–ala Edgar Morin ÒÉLo Humano permanece cruelmente
dividido, fragmentado en pedazos de un rompecabezas que perdi— su figura. Aqu’
se enuncia un problema epistemol—gico: es imposible concebir la unidad compleja
de los humanos por medio del pensamiento disyuntivo, que concibe nuestra
humanidad de manera insular por fuera del cosmos que lo rodea, de la materia
f’sica y del esp’ritu del cual estamos constituidos, ni tampoco por medio del
pensamiento reductor, que reduce la unidad humana a un substrato puramente bio anat—mico.
ÒLas mismas ciencias humanas est‡n divididas y compartimentadas. La
complejidad humana se vuelve as’ invisible y el ser humano se desvanece como
una Òhuella en la arenaÓ. Adem‡s, el nuevo saber por no estar religado tampoco
est‡ asimilado ni integrado. Parad—jicamente, hay un agravamiento de la
ignorancia del todo, mientras que hay una progresi—n del conocimiento de las partes.
2. ACERCA
DE LA CLASE OBRERA.
La concepci—n de Marx respecto
al avance y desarrollo de la humanidad correspond’a a una visi—n de causa-efecto, propia del pensamiento Òcient’ficoÓ del
siglo XIX, ya que segœn lo que plante—, ella se basaba en la explotaci—n del hombre por el hombre, siendo el motor del
desarrollo de la humanidad la lucha de clases. As’, unos pocos ÒmalosÓ
abusaron hist—ricamente de una mayor’a de ÒbuenosÓ alienados, ignorantes,
sumisos, cuya œnica manera de liberarse era apropi‡ndose en forma colectiva de
los medios de producci—n en el momento que el desarrollo de las fuerzas
productivas alcanzaran su cl’max. En otras palabras, la
revoluci—n s—lo era posible en aquellos pa’ses donde el capitalismo hubiese
llegado a su m‡ximo desarrollo. La etapa de tr‡nsito desde el
capitalismo a la nueva sociedad corresponder’a a la dictadura del proletariado
industrial.
No queda claro en los escritos
de Carlos Marx la definici—n del instante en que la clase obrera iba a tomar
conciencia de la necesidad de asumir el rol de direcci—n del proceso de
apropiaci—n. En todo caso, la concepci—n marxista-leninista resolvi— Žsto
asignando dicho rol a la Òvanguardia del proletariadoÓ, es decir, al partido
comunista.
Lamentablemente el desarrollo
hist—rico del siglo XX y de los primeros a–os del actual, muestra que el
desarrollo elaborado por Carlos Marx no ha sido seguido por las vanguardias
revolucionarias que han asumido el poder de gobierno en AmŽrica Latina, Europa,
Asia, çfrica u Ocean’a ya que desde el mismo d’a en que asumen el poder desplazan a la Òclase obreraÓ y a los trabajadores en
general de la participaci—n en la toma de decisiones, transformando la
direcci—n de sus gobiernos en procesos cupulares cerrados.
En los pa’ses occidentales, la
clase trabajadora industrial de los pa’ses m‡s avanzados se ha dividido,
aburguesado y perdido su voluntad de transformaci—n social. Hoy d’a, en el
marco de la nueva sociedad de la informaci—n y control, ya lo expresamos, las
organizaciones pol’ticas y sindicales de esta clase se han debilitado y
fragmentado.
En el actual contexto hist—rico
urge repensar el planteamiento de Marx centrado
exclusivamente en el grupo que conforma el homo
faber, u homo economicus como
tambiŽn se le llama al ser humano cuya actividad central e interŽs se relaciona
estrictamente con la producci—n de bienes y servicios para obtener una remuneraci—n,
es decir la clase obrera industrial.
Algo de
cr’tica impl’cita a este planteamiento hizo el PS cuando en la dŽcada de los 40
se empez— a referir a los Òtrabajadores manuales e
intelectualesÓ.
Las sociedades actuales son m‡s
complejas y es preciso definir estrategias pol’ticas no s—lo a la categor’a
ÒtrabajadoresÓ sino que tambiŽn a otras categor’as (cesantes,
j—venes, mujeres reducidas a su hogar, tercera edad, etc.) realizando un
permanente quehacer integrador y de fortalecimiento pol’tico mediante la
construcci—n de redes
de intereses apoyadas en las nuevas tecnolog’as de la informaci—n y
la informaci—n.
3. ACERCA
DEL SER HUMANO
ÀEs
posible el desarrollo del lado bueno del trabajador
s—lo con el quiebre de la organizaci—n capitalista?
Este es un tema te—rico no
menor, considerando que los avances de las ciencias psicol—gicas y neurol—gicas
que le estudian demuestran que el ser humano es al mismo tiempo bueno
y malo, predominando uno u otro aspecto
en un lugar y tiempo determinados, segœn las condiciones
objetivas en que ha nacido y vive;
de su arquitectura genŽtica; de su cultura, conocimientos y desarrollo de
valores morales y Žticos; adem‡s de sus aptitudes y actitudes. Como dice Edgar Morin ([6])
Òbondad y maldad pertenecen a la complejidad del homo demensÓ. La acci—n de
violadores, torturadores y asesinos de cualquier dictadura, as’ como la acci—n
de personas dispuestas a dar su vida por el bienestar de los dem‡s, demuestran
esta afirmaci—nÓ
La teor’a marxista construida
alrededor del concepto homo faber, tuvo una construcci—n simŽtrica, por
la misma Žpoca, realizada por Sigmund Freud, quiŽn empez— a bucear en la
naturaleza ps’quica y afectiva del ser humano, planteando que este se hallaba
permanentemente sometido al conflicto dialŽctico entre Eros y Tanatos, el amor
y la muerte, adem‡s de la pulsi—n y la represi—n (acci—n
y coaxi—n).
Freud plante— que esos
conflictos son causa y efecto de la permanente variabilidad interna de cada
persona, lo cual hace que cada ser humano, adem‡s de ser distinto al del lado,
nunca se adapta a su destino de ser mortal, ni tampoco se adapta al destino
social de ser reprimido.
Es lamentable que nunca se hizo
un esfuerzo te—rico y sistem‡tico para intentar unir las investigaciones de
Marx y Freud, en un corpus œnico,
siendo ambos geniales buceadores de la realidad humana
Ya Edgar Morin se–al— que ÒÉla explotaci—n del hombre por el hombre,
situaci—n en la que Marx hab’a visto la llave y el cerrojo del problema de las
relaciones humanas, no s—lo corresponde a unas ciertas condiciones hist—ricas
dadas, sino que corresponde tambiŽn a las estructuras neur—ticas de cada uno y
tambiŽn a las relaciones neur—ticas entre las personas, cosa que ya hab’a
se–alado el perspicaz psicoan‡lisis que realiz— Hegel de las relaciones
amo-esclavo, donde el amo se entrega a la tarea de lograr su reconocimiento
como sujeto-dios, planteando tal neurosis como algo inherente a la condici—n
humanaÉ Marx crey— que el hombre pod’a cortar con el nudo gordiano de la relaci—n
entre el amo y el esclavo, el de la explotaci—n del
hombre por el hombre en el plano de la propiedad de los medios de producci—n, cuando
la realidad se–ala que este es s—lo uno de los
nudos del problema multidisciplinar y complejo del ser humanoÓ.
El actual conocimiento del cerebro humano demuestra que los
procesos de observaci—n que hacen las persona se desarrollan a partir de las se–ales o informaci—n que env’an las cosas o fen—menos que llaman la
atenci—n a nuestros sentidos, los cuales env’an dicha informaci—n al cerebro
para su procesamiento y decisi—n. La limitaci—n objetiva, sin embargo, es que
de cualquier o fen—meno u objeto somos capaces de recibir s—lo una parte ’nfima
de las se–ales o informaci—n que emite, lo que de modo permanente nos dificulta
su comprensi—n total.
El est’mulo que induce toda
se–al que llega al cerebro, nos hace tomar conciencia de los fen—menos externos.
Para que esta toma de conciencia, adem‡s suponga nuevo conocimiento, es
necesario que nuestro cerebro realice un permanente proceso de interpretaci—n del est’mulo (am’gdala
cerebral). Pero esta interpretaci—n es
subjetiva y su calidad va a depender de la arquitectura
genŽtica del individuo, de su cultura, historia, evoluci—n y medio
ambiente en que se ha desarrollado (sujeto hist—rico).
Dicho en otras palabras, todo observador no s—lo
interpreta la realidad de manera distinta, sino que esa interpretaci—n
transforma a la persona en parte
indisoluble de la realidad captada.
Es la mente de cada persona, con
sus capacidades y limitaciones, la que construye un esbozo de los fen—menos,
conceptos, ideas y cosas que percibe, y tambiŽn reacciona ante ellos con mayor
o menor intensidad, segœn sea la manera como conoce y comprende su entorno, por
lo que deber’amos profundizar y actuar mucho m‡s en la dialŽctica que relaciona las condiciones objetivas para el
cambio, con las condiciones subjetivas de las personas, campo este œltimo
directamente relacionado con la elaboraci—n y difusi—n de ideolog’a. Al no comprender o
ignorar este hecho, todos los gobiernos de
la Concertaci—n han entregado el control de esta elaboraci—n y difusi—n a la
derechaÉ
ÀQUƒ SIGNIFICA HOY DêA PENSAR SOCIALISTA?
S—lo a t’tulo de provocaci—n, para
la reflexi—n interna, proponemos los siguientes significados.
SIGNIFICADO N¼ 1.
El
pensamiento dialŽctico debe ser repensado, despoj‡ndolo de la relaci—n causa-efecto que impregna de voluntarismo muchas de
las propuestas que hace el PS en sus congresos. Esto supone que el partido debe
ser concebido como organizaci—n autopoiŽtica ([7])
en permanente elaboraci—n de praxis pol’tica que ayude, no que se oponga como
por desgracia hoy sucede, al cumplimiento de su raz—n hist—rica: construir la
sociedad socialista. La organizaci—n vertical-cupular debe ser dr‡sticamente cambiada
a una horizontal en redes (Centralismo democr‡tico),
ya que esta es, como hemos se–alado, la manera como hoy se organiza la sociedad
del control.
SIGNIFICADO N¼ 2.
El pensamiento socialista tiene como ra’ces fundamentales: el manejo
de la dialŽctica; el reconocer la existencia de luchas de polos con intereses
contrarios, siendo la lucha capitalismo-socialismo la fundamental; el
identificar al ser humano, actor esencial de cualquier cambio, con sus
complejidades, diferencias y niveles de desarrollo de su conciencia; la lucha
permanente contra la alineaci—n; la conciencia de que es posible alcanzar una
sociedad socialista.
SIGNIFICADO
N¼ 3.
La lucha por el cambio social
debe tener diferentes formas, adecuadas a las distintas formas en que se organizan
los grupos humanos y a las caracter’sticas espec’ficas de Žstos.
SIGNIFICADO
N¼ 4.
La lucha por el cambio social no puede dejar de
lado el desarrollo de las condiciones subjetivas,
las que, contrariamente a lo que pensaba Marx, no son resultantes causa-efecto
del desarrollo de las condiciones objetivas. El avance exponencial de las
tecnolog’as de las comunicaciones y la informaci—n, controladas por el
capitalismo, demuestra que se han dado las condiciones
para que las condiciones subjetivas se autonomicen de las objetivas,
logrando un efecto de aceptaci—n progresiva y acr’tica del capitalismo actual
organizado en su fase controladora.
Se suma a lo anterior el que la
mente humana presenta limitaciones objetivas para aprehender en forma hol’stica
los fen—menos de su entorno, por lo que la labor pol’tica de fortalecimiento
permanente de la participaci—n debe ser una tarea central del PS.
PAG/febrero de 2010
[1] Adonis Sepœlveda,
Paddy Ahumada y otros. Propuesta de
Proyecto Socialista. Septiembre de 1995. (Esta propuesta no fue considerada
por la mayor’a de la Comisi—n Nacional, fuertemente influenciada, en esos
tiempos, por la Òrenovaci—nÓ encabezada por Carlos Altamirano. Finalmente, la
convocada Conferencia del Proyecto Socialista, que se iba a realizar en 1995,
fue suspendida indefinidamente).
[2] Posici—n de Izquierda
Socialista ante el documento El nuevo
horizonte del socialismo chilenoÓ emanado del XXV Congreso General del
Partido Socialista de Chile.
[3] Hugo Fazio. Mapa de la extrema riqueza al a–o 2005.
LOM Editores.
[4] Bauman Zigmunt (2006). La globalizaci—n. Consecuencias humanas.
Fondo de Cultura Econ—mica. MŽxico.
[5] Maturana R., Humberto.
(1990). Emociones y lenguaje en educaci—n
y pol’tica. Ediciones Pedag—gicas Chilenas S.A. Santiago.
[6] Morin, Edgar. (2002) Introducci—n a una pol’tica del hombre. Gedisa Editorial.
Barcelona. Espa–a
[7] Autopoiesis: Capacidad de una organizaci—n para reproducirse de acuerdo a las condiciones de su entorno, manteniendo su identidad, y teniendo como elemento central de su accionar la informaci—n y el conocimiento.