Que no digan que no se lo dijeron

Escribe Luis CASADO – 15/12/2006

Un fantasma recorre Europa, el fantasma rompecojones de los líderes politicamente incorrectos, capaces de proponer ideas y acciones que en nuestro chilito bien ordenadito y moderadito generarían una diarrea de mucho cuidado incluso entre más de algún otrora izquierdista duro devenido con el tiempo y los negocios lo que en galas tierras llaman “une couille molle” o sea “un cojón blando”. François Bayrou  (pronunciar “Fransuá Bairú”) se autoproclama líder centrista, algo así como el baricentro del espectro político francés. En Chile sería un democratacristiano muy del medio, ni tan a la derecha, ni tan a la izquierda, ese tipo de democratacristiano que no cuenta para nada y que a nadie le importa un pífero. Sólo que Fransuá, cuyo partido forma parte de la coalición de derechas (normal, es democratacristiano), es candidato a la presidencia de la república. Al día siguiente del anuncio de su candidatura afirmó en la televisión que la educación jamás se transformaría en mercancía.

 “La educación, afirmó, es un derecho que el Estado debe asegurarle gratuitamente a los ciudadanos”. Si eres “sostenedor” (¿ya te conté que “sostenedor” en francés equivale a “proxeneta” en castellano?) no te asustes que hasta ahora no hay ningún político chileno, ni de izquierdas ni de derechas, que haya alcanzado tal nivel de civismo y no es una comisión desertada primero por los estudiantes y luego por los profesores la que va a cambiar nada en nuestro escandaloso sistemita de enseñanza al fiado.

Por otra parte la candidata socialista a la presidencia - la bella Ségolène Royale que tanto los críticos de su propio partido como los politólogos enteraillos califican como “el fin del socialismo en Francia” -, no se anduvo con chicas cuando en el Congreso de los socialistas europeos en Portugal declaró que la independencia del Banco Central Europeo (BCE) debía terminar de una vez por todas. El BCE, dijo Ségolène, debe someterse a las decisiones politicas de los representantes democraticamente elegidos de los pueblos europeos. Y para que quedase claro como agua de roca afirmó: “No es el Sr. Trichet quién debe decidir que hacer con nuestra economía”. Si no te habías enterado Jean-Claude Trichet es el presidente del BCE, un burócrata irresponsable que no le rinde cuentas a nadie, algo así como Vitorio Corbo en Chile, el mismo género de incompetente feliz bueno para llevarle el amén al FMI y a la finanza internacional. Para no ser menos, Nicolás Zarkozy, candidato de la derecha, no sólo concordó  sino que además trató a los directores del BCE de “autistas que sólo luchan contra una inflación inexistente y olvidan el empleo y el crecimiento”. Afortunadamente para él Vitorio Corbo no tiene de qué preocuparse.

Ningún político chileno, ni de derechas ni de izquierdas, ha siquiera considerado en sus peores pesadillas la posibilidad de devolverle al pueblo soberano el control de su propia moneda. Cada vez que el precio del dólar o un desmadre de los índices al peo genera una cagadera generalizada, los senadores corren a consultarlo como si Vitorio Corbo se enterase de lo que está pasando. Nadie ha destacado que tales correrías de los senadores reflejan no sólo su falta de confianza en el Mercado, que en la copia feliz del edén lo resuelve todo con su ya legendaria eficiencia, sino además una significativa sobreestimación de las reales capacidades del presidente del Banco Central.

Como puedes ver el abismo que separa el debate político chilensis de lo que ocurre en Europa es para llorar a gritos. ¡Pobres europeos! Pero la esperanza es lo último que se perdió. Más de algún despistado supuso que el Consejo de la Internacional Socialista efectuado en Santiago en noviembre pasado podía servir para alertar a los líderes del viejo continente del riesgo que corre la vieja Europa manteniendo y fortaleciendo los servicios públicos en la educación, la salud y la previsión en vez de entregárselos al Mercado como hacemos nosotros. Tal parece que los muy jodidos se resisten a comprender lo genial de nuestro modelito. Allá ellos. Pero que no digan que socialistas aguerridos y de rancia estirpe como Ricardo Lagos y José Miguel Insulza no se los advirtieron.